El encuentro con Ayde

Entre los muchos niños y niñas callejeros/as del Perú me encontré con Ayde, una indígena de diez años que llevaba pequeñas muñequitas como dedales sobre los dedos y la que vendía tarjetas postales. Ella era buena comerciante.

Sabía unas pocas palabras en inglés y me habló tan insistentemente que finalmente le compré algo. Su cara se había vuelto agrietada debido al frío, llevaba vestidos agujereados y sus pies desnudos calzaban sandalias gastadas. En las largas noches de los Andes, las temperaturas bajan debajo de cero grados. Como Ayde tiritaba de frío y sentía hambre, la invité a comer. De ahí en adelante nos vimos a diario en la plaza o en el hotel. Trabajamos amistad y ella me acompañaba a todas partes, me explicaba las hierbas medicinales, hablaba con las vendedoras del mercado en quechua, la lengua de los indígenas. Un día,comiendo un plato de sopa típica, comenzó a contarme su historia : « Nací y crecí cerca del aeropuerto de Cuzco en una barraca y allí sigo viviendo con mi hermano pequeño. Mi padre no se preocupa por nosotros , él es alcohólico. Mi madre se fue hace meses a la capital, pero no envía dinero a casa. Tengo que llorar cuando pienso en ella, la extraño mucho. Tuve que aprender a sobrevivir en la calle para ganar algo para el resto de la familia. Pero los “hombres azules” nos sacan todo e incluso nos meten en la cárcel. Muchas veces mi padre llega borracho a casa, nos grita y quiere dinero. A veces se acuesta a mi lado en el suelo, me toca el cuerpo y me dice que soy muy bonita. Entonces me da miedo y salgo corriendo”.

Ayde era temerosa, ensimismada y desconfiada. Tomé entre mis brazos a la desesperada niña y en ese momento supe que debía ayudar a esos niños.

Pia Bolliger